"Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”
(Eclesiastés 3:11)
(Eclesiastés 3:11)
Cuando comenzamos a conocer a Dios y Su Palabra, podemos darnos cuenta que la vida no lo es todo. La vida aquí en la tierra es sólo el ensayo antes de la verdadera actuación, la podemos comparar con la eternidad y pareciera ser nada.
La Biblia afirma: “Dios… ha plantado eternidad en el corazón de los hombres”, por lo que tenemos un instinto innato que anhela la inmortalidad ya que Dios nos hizo a su imagen para poder vivir eternamente junto a Él. Nuestro cuerpo dejará de funcionar algún día, pero nuestro espíritu continuará con la vida que nos ha dado Cristo por la eternidad.
Sin embargo, es importante detenerse en un punto. Tú relación con Dios en la tierra determinará el tipo de relación que tengas con Él en la eternidad. Si aprendes a amar y a confiar en Jesucristo, el Hijo de Dios, tendrás la invitación para estar toda la eternidad con Él. Por otro lado, si rechazas su amor, perdón y salvación pasarás toda la eternidad apartado de Dios.
El tener una relación personal con Jesús, da propósito a nuestras vidas porque fuimos creados para tener significado. Sin Él la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido. Muchos hombres de La Biblia en algún momento perdieron la esperanza, Isaías se quejó diciendo: “En vano he trabajado, he gastado mis fuerzas sin provecho alguno” (Isaías 49:4), Job dijo: “Tengo en poco mi vida; no quiero vivir para siempre. ¡Déjame en paz, que mi vida no tiene sentido! (Job 7:16 NVI). Lo peor que nos puede pasar no es morir, sino vivir sin esperanza. Lo que nos diferencia de aquellos que no tienen a Cristo en su corazón es la esperanza viva que permanece en nuestro corazón continuamente. Tener esperanza es el resultado de comprender el propósito de Dios para nuestras vidas reflejado en Su Palabra. Sin ella no sabríamos cómo encaminarnos, no podríamos cumplir el plan para el cual fuimos diseñados por Él.
Así, comprendemos que el constituir una relación personal con Jesús y descubrir el propósito para nuestra vida puede significar quizá un gran esfuerzo, pero nada se compara con la esperanza de poder verle algún día cara a cara y agradecerle todo lo que tendremos en la eternidad.
“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”(Romanos 8:18)
Reflexionemos en familia:
1 - ¿Cómo estamos desarrollando nuestra relación con Dios acá en la tierra?
2 - ¿Están nuestras vidas siendo formadas según sus preceptos?
3 - ¿Conocemos el propósito de Dios para nuestras vidas?
4 - ¿En qué o quién se basa nuestra esperanza?
5 - Oremos en familia en relación a lo anterior y demos gracias por el propósito de vida que tenemos en Jesús.
1 - ¿Cómo estamos desarrollando nuestra relación con Dios acá en la tierra?
2 - ¿Están nuestras vidas siendo formadas según sus preceptos?
3 - ¿Conocemos el propósito de Dios para nuestras vidas?
4 - ¿En qué o quién se basa nuestra esperanza?
5 - Oremos en familia en relación a lo anterior y demos gracias por el propósito de vida que tenemos en Jesús.

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