GOZO AÚN EN LA ADVERSIDAD
La palabra felicidad evoca imágenes de regalos, de estrechar la mano a quién amamos, de recibir sorpresas en el cumpleaños, de responder con una risa incontrolable a una buena broma o de disfrutar las vacaciones en un bello lugar. Todo el mundo quiere ser feliz; perseguimos este ideal toda nuestra vida: gastando dinero, coleccionando cosas y buscando nuevas experiencias. Pero si la felicidad depende de nuestras circunstancias, ¿qué sucede cuando los juguetes envejecen, los seres queridos mueren, la salud se deteriora, nos roban el dinero y la fiesta se termina? Con frecuencia, la felicidad se esfuma y la desesperación se hace presente.
En contraste con la felicidad se levanta el gozo. El gozo es quietud, es correr con profundidad y firmeza, es la seguridad confiada en la obra y el amor de Dios en nuestras vidas, ¡que Él estará allí pese a cualquier cosa! La felicidad depende de los acontecimientos, pero el gozo depende de Cristo.
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”.
(Filipenses 4:4).
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”
(Filipenses 4:6)
¡Imagínese no tener que estar “afanoso” jamás por nada! Esto parece imposible, todos tenemos preocupaciones en nuestro trabajo, en nuestros hogares, en el colegio. Pero Pablo en su carta a los Filipenses, nos aconseja cambiar nuestras preocupaciones por oraciones. ¿Quiere usted preocuparse menos? ¡Entonces ore más! En el momento en que empiece a preocuparse, deténgase y ore, porque es bajo estas circunstancias cuando aprendemos a desarrollar el carácter y a depender de Dios por fe. Es en medio de las dificultades cuando podemos dimensionar la obra de Dios en nuestras vidas y reconocemos que Él tiene el control de nuestro hogar, es aquí cuando como padres podemos rendirle al Señor el control de nuestra familia y sujetar todas las cosas a Él.
En una vida dedicada a servir a Cristo podemos enfrentar muchas adversidades pero también muchas alegrías; el secreto está en tener la misma aspiración que tuvo Pablo, buscar conocer a Jesús cada día más y encontrar el gozo en Cristo.
Taller: En familia preguntémonos:
1 - ¿Con qué actitud estamos enfrentando las circunstancias actuales sean positiva o negativas?
2 - ¿Progresamos en medio de las dificultades o le responsabilizamos al Señor por las tribulaciones?
3 - ¿Hemos aprendido a vivir por fe aun en medio de la tormenta?
Oremos en familia tomados de las manos, pidiéndole al Señor sabiduría para poder enfrentar las situaciones difíciles que estemos atravesando como familia y fortaleza constante para ser apoyo unos de otros.

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